Red Velvet: una receta llena de secretos.

Seguramente lo has probado y lo amas. ¿Moda? Puede ser. Pero ya es considerado en la élite de sabores de la repostería. Lo encuentras en muchísimas formas: pasteles, cupcakes, panqués y hasta malteadas. Pero, ¿Sabes de dónde proviene este sabor? ¿Se sigue haciendo como la receta original?




No hay una teoría segura, pero todo parece indicar que gracias al hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, podemos disfrutar de esta delicia. En los años 30, se dice que ellos fueron quienes crearon el pastel Red Velvet, seguramente sin saber el impacto que tendría unos años después. (Si, otra cosa que se inventa en NY y se hace famosa). Ese color tan intenso, con un sabor que te atrapa al instante, no podría venir de otro lugar que no fuera la gran manzana.


Existe por ahí una teoría de que, antes del Waldorf-Astoria (NY), el Red Velvet vió la luz en una tienda departamental en Toronto, Canadá. Ninguna de las dos ha sido comprobada hasta hoy, así que adoptemos la que más nos atraiga (Cof...cof...NY).




Los ingredientes que utilizamos para hacer un típico Red Velvet son: mantequilla, harina, cacao y.... betabel. Así como lo lees. El betabel es pieza clave para lograr un tradicional Red Velvet. Ahí el secreto de tan increíble color. Aunque tristemente, eso se va perdiendo con el paso del tiempo. Hoy podemos encontrar varias opciones de Red Velvet con colorantes artificiales, lo cual le quita cierto toque.


¿Otro secreto? Se empezó a usar el betabel para darle color, por que recordemos que se inventó en una época difícil: la gran depresión. Existía mucha complicación económica en la sociedad, y se buscaban nuevas alternativas para seguir cocinando. Los colorantes para comida eran considerados un gasto innecesario, por lo tanto, había que hacerlo de distinta manera.


¿Es un pastel de chocolate pintado? Definitivamente no. La gran diferencia: vinagre. En un pastel de chocolate regular, utilizas leche o agua en las mezclas. Para hacer un Red Velvet tradicional: vinagre. Este ingrediente, en conjunto con la mantequilla, es el responsable de la textura tan característica de esta joya de la repostería.


Sin duda, es uno de los sabores más famosos y deliciosos que existen. Nos atrevemos a decir que es una de las recetas que más se ha conservado desde su creación. Existen variaciones en las presentaciones, pero la receta sigue siendo prácticamente la misma. Esto aumenta su valor.


¿Será que podemos considerarlo parte de la historia de la repostería? ¿O es sólo una moda?

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